(Este artículo fue publicado en la edición del Diario Lanza del pasado viernes, 1 de julio de 2011)
Es un poco ventajista decirlo a estas alturas, pero siempre creí que el final del Balonmano Ciudad Real, como equipo de élite, sería muy parecido a lo que hemos vivido en las últimas semanas. Siempre tuve muy claro que este era un proyecto personal e individual de su presidente, Domingo Díaz de Mera, que en época de bonanza contó con ciertas ayudas públicas y privadas, pero que en el fondo era sustentado económicamente por quien ahora ha tomado la decisión de llevárselo a Madrid.
Sólo el dinero y la pasión del máximo mandatario del club -¿manchego?, ¿madrileño?- llevaron a la élite del balonmano mundial al equipo de una pequeña capital de provincias cuyos éxitos deportivos habían sido exiguos hasta entonces. Si los títulos del Balonmano Ciudad Real permitieron a su presidente obtener un rendimiento económico y empresarial, es algo que sólo él puede saber y cuantificar. Puede que así sea, pero eso no es óbice para reconocer que de su cartera salió un plantel que nos ha hecho disfrutar durante una década del mejor balonmano del Mundo, de títulos nacionales e internacionales que jamás hubiéramos soñado conseguir sin las aportaciones de un mecenas.
Los diez últimos años, como periodista y aficionado, me dejan infinidad de recuerdos felices, y a ellos me aferro en estos momentos de tristeza. Me quedo con la primera Recopa, en aquella memorable final que al técnico Veselin Vujovic le costó una camisa. Me quedo también con el primer triunfo del Ciudad Real sobre el Barcelona en el Puerta de Santa María, cuya crónica tuve el honor de escribir en este mismo periódico. Y me quedo, sobre todo, con las dos históricas remontadas al Kiel alemán en dos finales de la Copa de Europa en las que el equipo manchego alcanzó el más difícil todavía. Y me quedo también con la humanidad de los técnicos y jugadores que durante estos años han pasado por el equipo, sobre todo uno: Talant Dujshebaev.
Ahora sólo nos quedan recuerdos. Y la esperanza de mirar al futuro. No es mala opción que el propio Domingo Díaz de Mera compre una plaza en categoría nacional y sostenga un equipo de menor nivel que el actual en nuestra ciudad. También me motiva mucho la intención de las peñas de crear un nuevo club, de base social, que arranque desde cero. Sea lo que sea, ojalá en Ciudad Real nunca dejen de escucharse los cánticos de una afición, escasa pero grande, que siente este deporte como ninguna otra.
Señor W, soy Ramón, no comparto tu visión digamos que "políticamente correcta" del Sr. Díaz de Mera. Dejo unos datos que lo retratan: cuando se hizo presidente se aprovechó de un equipo que quedaba ya en mitad de la tabla ASOBAL y con una afición consolidada y ahora NO DEJA NADA; esto es para hablarlo más despacio pero te aseguro una cosa, en el balance económico de Díaz de Mera con el B.M. C.R. no ha perdido un puñetero euro, al contrario; al vender a Rutenka aseguraron desde el Club (nadie mejor que tu para tirar de hemeroteca) que el proyecto era viable al menos durante unos diez años más en Ciudad Real; las crisis lleva azotando España unos cuántos años y no es precisamente ahora su momento álgido... ¿Qué ha pasado pues si había proyecto para tantos años, si ahora la crisis se ha estancado, etc.,etc.? Dos motivos de fondo son los que nos quitan el B.M. C.R.: la pérdida política de Barreda y el orgullo de Díaz de Mera, lo demás son cortinas de humo. Por eso, a pesar de que hay que estar en cierto modo agradecido al Presidente, ha quedado tan retratado en estos días que ese agradecimiento no podrá superar nunca, a mi entender, mi más sincera repulsa ante su decisión, tanto en el fondo como en las formas, y destacar de nuevo que este tipo compró un equipo de mitad de la tabla con sólida afición y ahora no deja nada, bueno sí, deja una carta en su web que emana desprecio hacia los aficionados y la ciudad.
ResponderEliminarOtra cosa, desde el absoluto respeto profesional, creo que todos los medios de comunicación estáis siendo demasiado "comprensivos" con este tema.