jueves, 14 de octubre de 2010

Política Cultural

No creáis que en mi prolongada ausencia no han surgido temas sobre los que escribir. Ha habido muchos, y algunos incluso más interesantes que el que nos ocupa en esta entrada. Pero hoy, precisamente hoy, había ganas, y como querer es poder, aquí estamos, actualizando, que es gerundio.

Habrá quien se moleste, pero me llama la atención que una serie de personas reconozcan estar interesados en un concepto que se denomina “Política Cultural”. No encuentro dos palabras que casen peor, no se me ocurre un término menos acertado para faltar el respeto a la Cultura, que vincularla con la Política.

Me genera muchas dudas que las administraciones públicas apoyen a la Cultura. No el respaldo en sí, que evidentemente se justifica de muchísimas maneras, si no la forma en que lo hacen. Quién decide qué iniciativa cultural merece el siempre agradable acompañamiento de la subvención pública y cuál no, en base a qué criterios se discierne tan complicada disyuntiva, es algo que me provoca, insisto, serias dudas.

Dudas porque se puede caer en la tentación –se cae, de hecho- de establecer dos tipos de cultura, la oficial y la independiente, y lo más peligrosos de todo es que los ciudadanos, aquellos que son los únicos beneficiarios del hecho cultural, podrían perderse la oportunidad de disfrutar de una iniciativa de calidad, que no ha contado con el apoyo público, y tragarse un auténtico bodrio subvencionado por alguna administración.

Cuando eso suceda –como sucede, de hecho- aquellas personas que han quedado fuera de lo oficial, pondrán –y ponen- el grito en el cielo, criticarán a las administraciones que las dejan fuera de su oficialidad económica, el problema es que esas personas –que son parte implicada del problema- carecen de la legitimidad suficiente como para plantear este debate, que más bien debiera surgir de los propios ciudadanos, que como decíamos antes son los principales beneficiarios del consumo directo de la Cultura.

Pero claro, cualquiera moviliza a la ciudadanía por un hecho que ni les va ni les viene, al menos de forma directa…

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