
España es campeona del Mundo. Españaescampeonadelmundo. Es-pa-ña-es-cam-peo-na-del-mun-do… Y yo sigo sin creerlo, sólo sé que siento una alegría muy grande, inmensa, como sólo pueden ser las alegrías que proceden desde la irracionalidad más absoluta, desde el amor a un equipo porque sí, porque es el tuyo, el de tu país, nada más.
Hoy no cobraré más, ni me tocará la lotería, ni encontraré a la mujer de mi vida… Pero hoy me siento plenamente feliz, y lo que más me llama la atención, hasta el momento, es el tiempo que me dura esta alegría, que no se ha ido igual que llegó, se ha quedado y permanece intacta dentro de mí, y espero que siga así durante muchos días, semanas o meses, porque me encanta disfrutarla.
Esa es una de las reflexiones que me provoca el triunfo español en el Mundial, pero no es la única. Hay más. Por ejemplo el juego de España, un país donde el fin nunca justificó los medios, una tierra donde conviene cuidar las formas, más que nada, porque siempre habrá agoreros y derrotistas para llenar de “peros” los éxitos conseguidos. Por eso la selección nos ha dado una doble alegría, la de ver a Casillas levantando la copa del Mundo (CasillaslevantandolacopadelMundo, Ca-si-llas-le-van-tan-do-la-co-pa-del-Mun-do, madre mía…), y la relacionada con la forma de conseguirlo. Porque España ha jugado como los ángeles, mucho mejor que la Italia del último Mundial, la Brasil del anterior o la Francia del anterior… España ha demostrado al Mundo que la mejor manera de ganar en fútbol es bordando el juego. España, señores, será ejemplo a seguir en los próximos años para el fútbol mundial, donde innumerables equipos imitarán el juego de nuestra selección.
Y una cosa más. La selección española nos ha unido a todos. Hoy, los españoles nos sentimos un poco más cerca unos de otros porque en general, la práctica mayoría anda compartiendo los mismos sentimientos en estos momentos. A ver si dura, a ver si tomamos ejemplo.
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