jueves, 8 de julio de 2010

Túnel de Bestiarios VI


Veo una y mil veces el gol de Puyol y en todas y cada una de ellas me resulta imposible no emocionarme, sentir algo, lo mismo que la primera vez, pero mejorado con el paso de las horas. En la película “Las invasiones bárbaras” el protagonista explica a una enfermera religiosa todas las atrocidades cometidas en la historia de la humanidad en nombre del catolicismo. Tras finalizar su exposición, cuestiona a la monja si aún así, sabiendo eso, sigue creyendo en Dios. Ésta responde que sí, que cree en la existencia de un Dios capaz de perdonar todos esos pecados, y el protagonista de la película, postrado en una cama con cáncer terminal, le responde: “Qué suerte tiene”.

Qué suerte tengo, suerte por ser un apasionado del fútbol, porque solo los que amamos este deporte podemos emocionarnos ante el simple hecho objetivo de un señor rematando de cabeza un balón de fútbol, empujándolo dentro de la portería. No, el gol de Puyol es mucho más que eso, es una acción de infinitas consecuencias y todas ellas positivas para quien sea seguidor de la selección española.

Veo una y mil veces el gol de Puyol, y en cada una de ellas observo que ese remate no es sólo fruto de la acción humana. Hay algo más, algo que eleva al jugador catalán a una altura a la que es imposible llegar, algo que conforma el escorzo también imposible con el que el central del Barcelona golpea el balón, algo que hace que la pelota salga disparada con violencia hacia la red alemana.

Algo más, algo imposible de explicar, algo intangible, metafísico, pero algo imprescindible para sentir, para ser emocionarse, para ser feliz… Qué suerte.

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