domingo, 4 de julio de 2010

Túnel de Bestiarios V

Fue un sábado, 3 de julio de 2010. Eran momentos duros para todos por culpa de una crisis económica global, agravada por sus particularidades en nuestro país, que había provocado ya cuatro millones de parados.

Pero en aquel momento todos olvidaron las miserias de su día a día, porque todos habían vivido una hecho histórico, habían disfrutado de algo por primera vez en su vida, porque aquel día, todos los españoles vieron a su selección nacional clasificarse para las semifinales de una Copa del Mundo, algo que no había sucedido jamás.

Todos recordarán cómo paró Casillas el penalti lanzado por Cardozo (también recordarán el nombre del pobre jugador paraguayo), guardarán en su memoria la posterior caída de Villa en el área, el penalti marcado por Xabi Alonso, que tuvo que repetirlo para fallar. Y sobre todo recordarán el gol del Guaje, con carambola incluída. Tampoco olvidarán con quiénes disfrutaron ese momento, a quiénes abrazaron...

El gol de Zarra, el gol de Marcelino, el gol de Alfonso, el gol de Torres y, ahora, el gol de Villa...

Nadie va a cobrar más este mes por los éxitos de la selección, nadie va a encontrar un beneficio más allá de una alegría pura, irracional, totalmente arbitraria, y a todas luces cuestionable... Muchos olvidarán cuestiones realmente importantes de su vida, pero todos -absolutamente todos- repasarán mentalmente aquella jugada, la conducción de Iniesta, el pase a Pedro, el tiro al palo, y el remache de Villa. Sí, el gol de Vila...

Y ahora, España (la selección, no el país) ha alcanzado una tierra desconocida, pero maravillosa, de la que nunca querríamos marcharnos. No sé si España ganará este Mundial, si ganará siquiera a Alemania, pero aquel día, aquel sábado 3 de julio, todos fuimos realmente felices, y sólo porque una pelotita llamada Jabulani acabó dentro de una portería. El ser humano es maravilloso.

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