jueves, 18 de marzo de 2010

Encuestas

Las ruedas de prensa de la Plaza de Cervantes suelen producir una sensación, en ocasiones inaguantable, de tomadura de pelo. A veces, oyendo lo que el político de turno está contando, a un servidor de ustedes le da por pensar que le toman por tonto, y eso no me gusta.

A veces, la cantidad de memeces que hay que oír por minuto es tan grande, que dan ganas de abrir la boca en el turno de preguntas y desautorizar uno por uno cada argumento ofrecido desde el atril. Lo malo de ser periodista es que uno asiste a las ruedas de prensa con ese status y no con el de ciudadano, por lo que resultaría muy poco profesional expresar una opinión. Sólo nos queda entonces cuestionar al político, en ocasiones utilizando las declaraciones realizadas un par de portales más allá.

La encuesta que Noxa (creo que se escribe así, no me molestaré ni en buscarlo) ha realizado para el PSOE de Castilla-La Mancha, más que difícil de creer, parece a simple vista todo un tratado de ciencia ficción al servicio del poder. Que una responsable política convoque una rueda de prensa para expresar unos datos tremendamente favorables a su formación, extraídos de un trabajo cocinado por encargo, y que después de decir todas esas bondades, concluya asegurando que hay que tomárselas con prudencia, me parece el colmo del absurdo.

En fin, ellos verán. Pero eso de que un 60 por ciento de los ciudadrealeños consideran buena o muy buena la gestión del gobierno regional no se lo cree nadie con dos dedos de frente. Dediquen mejor sus esfuerzos a desarrollar políticas que beneficien realmente a los ciudadanos (a todos, no a unos pocos), y a lo mejor esas encuestas acaban teniendo algo de verdad.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hace diez años

Ahora que de casi todo lo bueno hace ya diez años, es buen momento para hacer balance. Este 17 de marzo de 2010 cumplo 30 años. La tan temida crisis de los treinta en la que apenas había pensado hasta la fecha, más que nada porque había aplazado hacerlo hasta el día de hoy, no ha hecho acto de presencia.

Quizá las muestras de cariño recibidas a lo largo del día, que me hacen sentirme especial (sí, por muy machote que se sea, y aunque sólo por una vez al año, me he sentido especial y no me da vergüenza reconocerlo), han sido el escudo que ha evitado que me hirieran la melancolía y la tristeza, la añoranza por aquello que nunca tuve.

La felicidad está en conformarse con lo vivido hasta la fecha. Aferrarte a lo que tuviste, a lo que fue tuyo, lo que permanecerá por siempre en tu recuerdo y nadie podrá nunca quitarte. Todo aquello gracias a lo cual eres ahora esa persona que cumple 30 tacos sintiéndose orgulloso de sí mismo.

Podría seguir, pero os ahorarré una sobredósis de pasteles, que luego se indigestan.

viernes, 5 de marzo de 2010

Los Toros

No. No temáis. No haré una extensa y sesuda argumentación en defensa o en contra de las corridas de toros en esta actualización. Y no lo haré porque sería realmente aburrida, y porque en el fondo, y por mucho que nos cueste admitirlo, quienes estamos a favor de los espectáculos taurinos estamos abocados al fracaso ante cualquier discusión con un interlocutor declarado defensor de la abolición de esta tradición española.

Y es que es muy difícil demostrar que los toros no sufren a lo largo de la lidia que acaba con su muerte en la plaza. Y tampoco me vale incluir en la discusión cuestiones ajenas al debate en sí mismo. No se puede defender la fiesta de los toros diciendo que determinados sectores de la clase política catalana están usando esta confrontación para enarbolar la bandera del independentismo, o recordando el riesgo al que se exponen los pequeños infantes que coronan un tradicional “casteller”.

Dicho esto, y reconociendo que quienes califican las corridas de toros como un espectáculo cruel llevan parte de razón, no puedo negar que en el fondo a mí me gustan. Sí, he asistido muchas veces a plazas de toros, las primeras de la mano de mi padre, y me considero aficionado taurino. No puedo evitar sentir cierta atracción por el toreo, como espectador me provoca numerosas sensaciones que me resultan del todo atrayentes. Una faena de José Tomás me parece algo muy cercano al arte, con el añadido de la emoción que otorga el hecho de que un señor se esté jugando la vida, o al menos su integridad física.

Y tiro de incoherencia para pedir a quienes convierten su vida en una lucha por la eliminación de las corridas de toros, que busquen otras causas más importantes, que las hay, donde el sufrimiento animal se ve claramente superado por el sufrimiento humano. No son comparables.

En cualquier caso, los antitaurinos pueden estar tranquilos. Ya hace mucho tiempo que la fiesta de los toros está podrida en España, y no dudo de que tarde o temprano terminará despareciendo por obra y gracia de quienes forman parte de ella. Una idea esta que se ha visto reforzada con las lapidarias palabras expresadas recientemente por el apoderado de José Tomás, Salvador Boix, en el parlamento catalán: “Que la dejen morir tranquila”.